|
Hasta hace muy poco, el considerarse tuner o "hacerle tuning" al coche era lo peor que le podías confesar a tu madre. Gustarte el tuning era igual a ser un garrulo, con poco respeto por el resto de los conductores, con ganas de dar guerra y de hacerse notar. Poco a poco, lo único que ha quedado de cierto es lo último. Los tuners son un colectivo que se hace notar, consumiendo todo lo que sale que tenga alguna relación con los coches preparados, y aprendiendo con rapidez que ni todo es lo que existe aquí, ni lo de fuera ha de ser por narices lo mejor. Pero esto del tuning no es algo nuevo... El Hot Rod, el Kustom, o como todo empezó en América El Hot Rod y el Kustom empezaron como una manera en la que los jóvenes norteamericanos se sentían únicos preparando sus coches y diferenciándolos del resto, mientras soñaban en presentarlos a las importantes carreras de velocidad. No vamos a bombardearos con hechos históricos, biografías o fechas, pero si os daremos un par de datos. ¿Recordáis el coche de la película Regreso al Futuro? ¿Y a Kitt, el Coche Fantástico? Estos dos, como tantos otros coches de película, fueron creados por George Barris, el considerado King of Kustomizers (rey de los customizadores), que en los años 40 se metió en el mundillo restaurando una vieja Buick. Una vida más mediática -y turbulenta- vivió Ed Roth, llamado el padrino del Hot Rod, preparador de coches con un talento increíble y una imaginación inagotable, del cual quizá reconozcáis una grotesca rata verde que ahora vuelve a verse en camisetas y libretas. Indagar en la vida de estos dos tipos no os decepcionará. En Europa la culpa fue de las carreras Tanto por estética como por prestaciones, en Europa (más allá de los Pirineos, claro) todo empezó por querer imitar a los coches de carreras, adaptando las tendencias que se veían en los circuitos a los coches de calle. Las marcas se involucraron en la moda, entrando a los departamentos de diseño y desarrollo a pilotos e ingenieros especialistas en el sector más racing. Así empezaron a unirse nombres como Oettinger y VW, o Irmscher y Opel. Hablamos, aunque no lo parezca, de los años 60, años también de Alpina, una de las grandes para los padres y abuelos de los jóvenes de hoy. Más tarde, a finales de los 80, aparecerían empresas como Rieger, que permitieron a muchos renovar el coche sin tener que comprar otro. |